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¿Cómo ahorramos los mexicanos?4 min read


¿Sabías que existe algo llamado Día Internacional del Ahorro? Pues es cierto, se celebra cada 31 de octubre desde 1924, año en que se reunió el Congreso Internacional del Ahorro (así es, no estoy bromeando) en Milán, Italia. El objetivo de esta fecha es resaltar la importancia que tiene el ahorro en la economía familiar y personal, ya que es la base de las finanzas personales y, en consecuencia, de la buena administración monetaria.

 

Atesorar el dinero es algo que aprendimos desde niños, sin embargo ¿nuestros hábitos han crecido con nosotros?

Entre los mexicanos no es extraño que este tipo de educación se inicie desde casa, ya que, según los resultados de la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2015), al 66% de los adultos le enseñaron a ahorrar durante su niñez y, de este grupo, 9 de cada 10 recibió la instrucción de sus padres. ¿Adivina qué usamos para aprender esta lección? Así es, mayoritariamente una alcancía (59%).

Sin embargo, conforme vamos creciendo, adquirimos nuevas responsabilidades y el manejo de nuestros recursos cambia. El cochinito va luciendo cada vez más pequeño y buscamos distintas maneras de conservar nuestro dinero. Por lo tanto, y aprovechando la fecha, vale la pena averiguar.

 

ahorro

 

¿Cómo ahorramos los mexicanos?

Antes de comenzar hay que aclarar que existen dos mecanismos de ahorro, el formal y el informal. Con el primero nos referimos a poner nuestro dinero bajo el resguardo de alguna institución, como los bancos, y el segundo es el que popularmente conocido “guardarlo bajo el colchón”.

Según la encuesta antes mencionada, somos un país de ahorradores informales, ya que el 32% utiliza exclusivamente este método, un 15% únicamente formal, un 29% aprovecha ambos y casi una cuarta parte de la población no ahorra en absoluto.

 

La educación y los salarios ayudan a la formalidad.

Como hemos visto, el “guardadito” en casa sigue muy arraigado en nuestra manera de administrar el dinero. Sin embargo, hay condiciones que pueden motivar a que las personas opten por los servicios de una institución financiera.

Un aspecto importante es el nivel educativo, ya que tan sólo 3 de cada 10 personas que cuentan con algún grado de primaria poseen una cuenta en el banco. Esta cifra dista mucho de los 9 de cada 10 que se presentan entre quienes cursaron algún posgrado.

También el nivel de ingresos es un factor relevante, ya que entre más bajo sea el salario, las probabilidades de que tengan su dinero en alguna institución se reducen. Así vemos que sólo el 32% de los mexicanos que ganan menos de 3 mil pesos, ahorra de manera formal. En cambio, si su salario es mayor a los 20 mil, la cifra asciende hasta un 86%.

 

¿En qué ahorramos?

Ambos mecanismos, formal e informal, tienen sus productos más populares. Del primero destacan las cuentas de nómina o pensión, seguido de las de ahorro y dónde reciben los apoyos del gobierno.

En cambio, el ahorro informal es mucho más diverso, ya que las personas prefieren guardar el dinero en casa como primer recurso, mientras que la segunda y tercera opción son a través de una tanda y en una caja de ahorro.

 

¿Para qué ocupamos nuestro ahorro?

Realizar nuestras actividades con un objetivo claro, nos anima a esforzarnos más por alcanzarlo. Lo mismo ocurre con las metas económicas que nos proponemos, especialmente para el dinero que vamos guardando. Pero, como veremos a continuación, el tipo de resultados puede variar mucho según el mecanismo de ahorro que ocupemos.

El grupo que guarda su dinero de manera informal, lo ocupa para cubrir el costo de alimentos, gastos personales o de servicios. En cambio, quienes tienen una cuenta bancaria, prefieren dejarlo disponible para afrontar alguna emergencia. Es decir, son más previsores.

 

 

Entonces, ¿qué tal estamos?

Al revisar toda la información descubrimos que aún preferimos mantener nuestro cochinito lleno con nuestras quincenas y, aunque poco a poco la bancarización está ganando terreno, hay ciertos hábitos con los que nos sentimos más cómodos.

Lamentablemente, tener nuestro dinero inmóvil no nos está generando rendimientos. Por lo tanto, por mucho que lo acumulemos, éste irá perdiendo su valor con el tiempo. Como lo comenté en un inicio, así como nosotros crecemos y maduramos, también lo deben hacer nuestros hábitos. Por lo tanto, buscar nuevas formas para mantener y aumentar nuestro poder adquisitivo, debe ser el siguiente paso en nuestro crecimiento financiero.

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